domingo, 10 de mayo de 2009




Decir que lo odio, que le hecho de menos, que aún lo amo, que pasan paginas y aun lo espero. Fue el primero de los primeros… Recuerdo ese paisaje, ese banco donde yo lo esperaba, un sitio oscuro causado por las sombras de los arboles, fresco y a la vez seco, allí mi corazón al verlo se aceleraba. Fue una simple salutación, como olvidar esa situación; que al igual que yo el miraba hacia otro lado para que nuestras miradas no se cruzaran, para que no surgiera sonrisa… que estúpida era. Y como sabía yo que ese callejón podría ser el lugar que el resto de mi vida seria recordado. Continuábamos andando… Él tenia dolor de rodilla, era un chico deportista, pelo largo y barba de dos días, pero a su edad nada de bello podría tener él en su rostro. Hablábamos, reíamos, pasaban los coches cerca de nosotros, no era aire puro el que me ventaba el cabello que se interponía en la cara, viento el que me empujaba aun más a su lado. Llegó otro destinatario, otro lugar inolvidable. Sí, otro banco, viejo y blanco. Era un parque chiquitín, de la calle Santa María. Un lugar de tranquilidad aunque cerca la carretera tenía. Era como un juego, al segundo día le tocaba a él escoger el sitio donde íbamos. Fue culpa mía que nos tuviéramos que ir. – Te acompaño a casa. Dijo muy preocupado. – No, ¿Por qué?. No quería que se acabara. – Se que tienes frío, al igual que yo.
Ése día fue triste. Como podía yo saberlo. Todo fue muy bien, mas al final del trayecto donde él me acompañaba fue una triste despedida, dijo que nunca más nos veríamos, él estaba comprometido, pero yo lo quería, o eso creía. Estuvimos uno delante del otro, con la mirada perdida, me abrazó. – Llora si quieres. Decepcionado lo decía. – No voy a llorar, siento esta despedida. Siempre he creído en los finales felices. – Lo siento. Me dijo al oído. El eterno beso en los labios… cuánto deseaba que no se acabara… Pero no fue así, se giró y se fue. Mientras me decía que no lo volviera a llamar, que se acabaría todo, y que volvería a mi lado. Sí, lo necesitaba. Me iba riendo por la calle, seguramente para no llorar. Pasó el año, justo, como si todo lo tuviera planeado. Nos volvimos a ver, pero nada era igual. Yo pasé otra aventura de amor, pero dos meses anteriores ya todo se acabó. Él también estaba soltero. Ese día no se si me enfurecí, aquel beso no fue el mismo del que hace un año. Ahora estoy aquí, escribiendo las memorias de lo que viví, que aun recuerdo como fue la historia aunque solo haya pasado dieciséis meses, muchos días…
Decir que lo odio, que le hecho de menos, que aun lo amo.




Clara Anglarill i Barnola

1 comentario:

  1. Clara, els teus escrits sòn massa bells,
    que realment m'han fet caure les llàgrimes del que bònics i preciosos sòn.
    Ens veiem al Entrenu.
    Jurdy

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