Menuda eché a ver arriba,
y como árboles, se levantaban figuras humanas,
haciéndome sombra, tapándome la luz del día.
Andaba sola, ya solté la mano a mi padre.
Menuda, chiflaba y alucinaba,
de que grande era ése mundo…
Como si tuviera cuatro años y medio metro de altura,
Perdida y disipada,
con intención a vivir las diversiones,
solté la mano a mi padre,
y ahora me encuentro y tropiezo.
Enfrentada a la realidad.
Anglarill, C.