jueves, 12 de agosto de 2010

Escondida detrás de ese matorral, observaba como se besaban los mayores, pude pasar toda la tarde pensando en cómo resbalaban sus labios, en cómo se miraban, soñar por la noche en ello, y crear el desenlace de esa historia. Al día siguiente y al siguiente seguí observando a eses seres que cada vez más me emocionaban.
Hubo un día pero, que esos dos galanes me hicieron dudar de su trato, de su acercamiento. Discutían muchísimo, se chillaban, levantaban la voz cada vez más, mas sus ojos... sus ojos seguían mirándose como el ayer.
Ella temblaba, hacía vueltas como un perro siguiéndose la cola, inútilmente perdía fuerza. Ella deseaba tocarle, poder sentir sus manos para no sentirse sola, para no sentir de que la miraba como a una cualquiera. - ¡No me apartes! De repente, el chico la paro, y le mencionó palabras de las cuales la chica se puso a llorar, los ojos estaban más humedecidos que el primer día en que pudo degustar los labios de su querido. El chico se fue. Temido, chilló palabras que en ningún tiempo olvidaré: la persona que más he amado y quisiera amar, el oxígeno que me aydua a respirar, la sonrisa de cada mañana, el sueño de cada noche, lágrimas de amor y lágrimas de tristeza, la razón por la cual puedo vivir, eso, y mucho más, eres tú.

Infinitamente, te amo.